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En Botija

El Castro de Villasviejas de Tamuja

Este castros es el más grande de todos los que se han encontrado en Extremadura, cuenta con un registro arqueológico sorprendente y con abundantes restos. Varias hectáreas bañadas por la esencia de las tribus vettonas y los primeros asentamientos romanos de la zona, entre el siglo I y V antes de Cristo.

Tierras de culturas ancestrales

La Mancomunidad de Municipios en la que se integra es la de Montánchez. En el término de Botija, a unos dos kilómetros de la población, existe un yacimiento arqueológico de la segunda Edad del Hierro, Tamusia, conocido hoy como Villasviejas del Tamuja, pero se cree que no hay ninguna relación de este poblado con el origen de Botija. De lo que sí hay constancia documental es de lo siguiente:
Durante el siglo XII se suceden varias incursiones cristianas en la comarca, hasta que en 1230 se produce la definitiva Reconquista pasando a pertenecer la Villa de Montánchez y su tierra (a la que pertenecía Botija) a la Orden de Santiago, según un privilegio de donación de estas tierras concedido por el rey Alfonso IX, revalidado en 1231 y 1234 por Fernando III. En 1236 se concede privilegio de población y fuero a la Villa de Montánchez y su tierra. (Los pueblos que la componen son además de Montánchez, son Albalá, Alcuéscar, Almoharín, Arroyomolinos, Benquerencia, Botija, Casas de Don Antonio, Salvatierra, Torre de Santa María, Torremocha, Valdefuentes, Valdemorales, y Zarza.
La Orden de Santiago estableció a partir del siglo XIII un señorío inmenso en Extremadura, territorios que dentro de la Orden recibieron el nombre de provincia de León, que a su vez se dividían «políticamente» en encomiendas, (Mérida, Alange, Montemolín, Montánchez…) no obstante, existía una jurisdicción eclesiástica que radicaba en Llerena y se denominaba la Diócesis de San Marcos de León. De esta manera, Botija pertenecía a la encomienda de Montánchez, provincia de León y diócesis de San Marcos de León.
Botija perteneció a la Orden de Santiago y su diócesis hasta que en el siglo pasado desaparecen las órdenes militares por mandato papal. Así, de los catorce pueblos que componían la encomienda de Montánchez, cinco de ellos Salvatierra, Botija, Benquerencia, Torremocha y Zarza pasan a pertenecer a la diócesis de Coria-Cáceres y el resto a la de Badajoz. No obstante, en 1958 los que pertenecían a Badajoz se integran en la de Coria-Cáceres, quedando la jurisdicción eclesiástica tal y como está actualmente.

y reconocida calidad medioambiental

El entorno está sumamente cuidado. Las prácticas de ganadería extensiva, principalmente, han permitido la conservación de ecosistemas milenarios. La dehesa es el sistema en el que se articulan los aprovechamientos. Las características climáticas configuran la zona como ecosistema típicamente mediterráneo, con veranos calurosos y secos e inviernos suaves y lluviosos. El municipio de Botija disfruta de una de las dehesas boyales más importantes de la comarca, en ella se dan distintos tipos de paisajes relacionados entre sí por el ganado: el monte donde abunda el matorral mediterráneo (jaras, retamas, lavanda) mezclado con encinas y los pastos que se deben al clareado del matorral y del arbolado, así como a la acción del ganado.

La zoogeográfia de este municipio es propia de los espacios adehesados y con vegetación mediterránea. Los animales más comunes que podemos encontrar en nuestro municipio son el conejo, la liebre y el jabají. En nuestra localidad se han localizado varias parejas de cigüeñas negras que, debido a la escasez de ejemplares en la península y la tendencia al descenso en su número, hace de nuestra dehesa un importante ecosistema a conservar. Animales como el zorro, el tejón o la garduña y gran diversidad de aves acuáticas, carroñeras, rapaces diurnas y nocturnas, reptiles diversos y un largo etcétera conforman el resto de los animales silvestres de la zona.

Entre Cáceres, Trujillo y Montánchez

Botija se sitúa cerca del centro geográfico de Extremadura. Queda entre las tierras de importantes hitos culturales de Extremadura. A media hora tenemos Cáceres (Patrimonio de la Humanidad), la ciudad de Trujillo y la cabecera comarcal: Montánchez. 

Botija ofrece una experiencia

Esta población reúne aspectos patrimoniales, ambientales y culturales muy interesantes. La población está bien conservada, mantiene el aspecto primitivo con el que fue construida. Casas bien hechas, sólidas construcciones que permiten desconectar del trajín diario y vivir al compás de la naturaleza.

en Biodiversidad

El terrenos forma parte de la penillanura trujillano-cacereña.  Las suaves lomas sólo se rompen en el tajo que forma el río Tamuja y los muchos arroyos que llegan a él.

Todo forma un remanso de paz y tranquilidad que trasciende de la naturaleza a los hombres.

y Una Historia trepidante

El entorno está ocupado desde el neolítico en pequeños yacimientos localizados en la zona. Pero va a ser en la Edad del Hierro, alrededor del siglo V antes de Cristo cuando los acontecimientos se desbordan, sobre todo en el Castro de Villasviejas de Tamuja donde han quedado las huellas de los antiguos pobladores del norte de Extremadura: los Vettones. También la intensa romanización que tuvo toda la región. 

La historia se vive con buenos exponentes, en algunos casos los mejores.